martes, 3 de abril de 2007

Look at me! Parte XI


Donde Ella nos cuenta quién es y cómo ha llegado hasta aquí. Parte XI.

A mí muchas veces me preguntan porque no quiero tener hijos, con lo que me gustan los niños. Y es verdad, me gustan los niños, me encantan! En general. Me impresiona ver como están todo el día mirando, oyendo, absorbiendo cosas nuevas y almacenándolas en sus cerebros, como las van organizando y clasificando. Casi se puede oír el run, run, de sus cerebros funcionando a todo trapo todo el día. Es precioso ver como aprenden, como hacen algo por primera vez. Es alucinante ver la cara de un niño la primera vez que consigue ir solo con una bicicleta de dos ruedas, cara de triunfo y de emoción. Es increíble como pasan de chupar teta todo el día a dejarte petrificado con un comentario que ya quisieras haber dicho tú. Sí, me caen bien los niños, en general. Porque lo tienen todo por hacer, porque se están creando, inventando, y porque tienes la esperanza de que lo van a hacer mejor que tú. Son como la esperanza de un mundo mejor.
El hecho de que yo no quiera tener hijos no tiene nada que ver con ellos, es simplemente que esto de crear vidas a mí me va un poco grande, la verdad. Y lo que más me sorprende es que haya tanta gente, la mayoría, que sí quieran tenerlos. Que se vean capaces. Con ánimo, con alegría incluso, diría yo.
Y bueno… la familia. La familia, amigo mío. Por mucho que me empeño, me parece un ente aterrador. Sueles tener la sensación de que son los que menos te conocen y los que más duramente te juzgan. Yo creo que son los que te pueden decir cosas más duras sin ni siquiera inmutarse, y no por amor o porque crean que con eso te pueden ayudar, sino por pura y simple ligereza mental.
Las familias suelen padecer infantilismo y victimización en grado superlativo y los miembros de las familias suelen estar todo el santo día cargándole el muerto a los demás. Como son, en general, poco propensas al trabajo en profundidad y prefieren la cosa fácil, te cuelgan una etiqueta cuando tienes uno o dos años y sueltas la primera palabra y no le dan más vueltas, o sea que te plantas a los cuarenta con la etiqueta que te engancharon en el chupete cuando eras un bebé y así, como ellos son los primeros seres humanos que te sirven de referencia es este mundo, te pasas el resto de tu vida churrepetendo el maldito chupete sin saber qué carajos hacer con él. Y así nos va.
Bueno, ya sé que hay familias y familias y mi madre me dice que soy una petarda y una desagradecida por pensar estas cosas y que sí, que bueno, que la familia es un taladro a veces, pero que no está tan mal y que siempre está ahí cuando la necesitas y que a ver a ti quién te quiere más que yo! Me dice. Y tiene razón, la pobre. Pero desengañate, no en vano las consultas de los psicólogos están llenas de gente en regresión. Yo me sé algunos que tienen que regresarse, incluso, al útero materno, imaginate!
Bueno, bueno… la familia.
Mí familia, por ejemplo, es un poco como medio familia siciliana, por lo emotiva e impulsiva y medio familia al más puritito estilo catalán de las montañas, por roqueña y de secano. No sé si me explico. La bomba, vamos!
Una comida en mi casa equivale a cuatro o cinco lanzamientos en puenting, por lo estresante y agotador. Buena gente, eso sí, pero por separado. Todos juntos conformamos una trouppe increíblemente folclórica. Cada loco con su tema y todos los temas a la vez.
Yo, que en el fondo soy una cursi y una convencional, incluso siento cierta alegría cuando tenemos una de estas comidas familiares. Ver a mis hermanos y a mis sobrinos me hace siempre ilusión y llego muy puesta, con mi pareja, como una mujer de treinta y tantos de visita a casa de sus padres y salgo, después del centrifugado, como una niñita de diez con dolor de cabeza porque he bebido demasiado cava. Un cuadro, vaya.
Y es que hagas lo que hagas la familia siempre está ahí para recordarte de lo que habías salido huyendo. No me digas que no. En fin… que esto de fundar una familia yo lo veo un poco como un parche. Para superar el trauma de la primera te pones a construir otra con la esperanza de hacerlo mejor. Y lo malo es que me parece que no hay manera de hacerlo bien, es decir, que la familia es solo un vehículo más o menos tradicional para que te precipiten a este mundo y lo otro ya es cosa tuya. Pero claro, yo pienso esto porque soy una desnaturalizada, porque la mayoría tiene hijos y funda familias y parece que no les va tan mal o al menos ni mejor ni peor que a mí, vamos!. Y en fin, que la rarita debo ser yo. La verdad es que nunca se me ha ocurrido preguntarle a la gente por qué tiene hijos, pero me temo que esto debe ser un poco como cuando le preguntas a un católico por qué cree. Puedes tener discusiones larguísimas y complicadísimas, pero al final hay una cosa que no se puede rebatir y es cuando te dicen; esto chica, es algo que se lleva en el corazón, es una cuestión de fe.
Tal cual.


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