viernes, 4 de mayo de 2007

Look at me! Parte XIV.

Donde Ella nos cuenta quién es y cómo ha llegado hasta aquí. Parte XIV.

Leyendo una entrevista con Michel Maffesoli me encontré con estas frases. Dejar aflorar la locura colectiva, permitir la catarsis es bueno. Sino se permite la purga, el pus entrará en el cuerpo social. La persona es un todo, la luz y la sombra. Hoy no damos espacio a la sombra, a las emociones, a los humores. Se pretende canalizarlos, suprimirlos. En la sociedad de tradición judeocristiana no se ha dado plaza al mal.
Yo, ya sabéis, no soy una erudita, ni una intelectual, ni nada de eso, Dios me libre! Pero la idea de que el mundo, tal y como lo conocemos, no es la única forma de mundo posible, me pareció absolutamente reveladora. Damos por hecho tantas cosas, que no está mal revisar de vez en cuando los valores, las formulas con las que nos relacionamos. Hemos, en pro de la comunidad, prohibido, censurado, reprimido y juzgado tantas formas de entender y valorar la vida y el mundo que a veces uno se pregunta si realmente lo único que hemos hecho no será empobrecerlo y volverlo gris para sentirnos más seguros, más cómodos, menos amenazados. ¿Qué puede salir del abandono de la razón y la lógica? Pues el caos, es verdad, pero también la creación y la libertad.¿Cuál es el límite? No lo sé, la verdad, no tengo ni idea. No tengo ni idea de donde se llega con eso, ni de si es viable, en realidad. ¿Pero no se ha hecho más mal en nombre del bien, que del mal propiamente? Quizá necesitamos una estructura, un orden que nos mantenga más o menos serenos. Evitar que la absoluta locura se adueñe del mundo, solo así, quizá, podemos evitar la depravación total. Pero no sé, pensando en todo lo que pasa en el mundo, me pregunto cual sería exactamente la diferencia si dejáramos un espacio a la locura y al desorden. En nombre de la libertad, la paz, la justicia y la decencia, ¿No se han perpetrado las más terribles atrocidades? El ideal de la comunidad, si te lo piensas bien, ha permitido muchas licencias, no? Ante la duda, el orden. Tabula rasa, ciao pescao, a otra cosa mariposa. Hoy circulamos por el mundo rodeados de prohibiciones. Fíjate que casi todo está prohibido! Y si vives en Barcelona! Ni te cuento, pero esa es otra historia que ya te contaré otro día. Esta prohibido desear al vecino o a la vecina, al amigo, al hermano, al padre, al hijo, está prohibido odiar, vas al infierno, está prohibido; drogarse, fumar, pisar la hierba y llevar velo en la escuela. En los aeropuertos está todo prohibido. El miedo a las enfermedades, a las armas bacteriológicas, al terrorismo, lo ha prohibido todo, por nuestro bien, claro! Esta prohibido vivir, trabajar y viajar a otro país, sin permiso, está prohibido cruzar el mar, sin permiso. Está prohibido vivir en el bosque, acampar, hacer fuego, cazar. Está prohibido ir desnudo! Excepto en Barcelona, mira tú que bien! Ja! Debe ser lo único, porque está prohibido hacer música en cualquier parte, hacer fiestas sin permiso, pintar las fachadas de colores, tender la ropa en los balcones, hacer fotos sin permiso, ocupar las aceras, ir en bici a menos de un metro de los viandantes. Está prohibido hacer el amor en los parques públicos, ir indocumentado, ocupar casas vacías y dormir en la playa. Y... agárrate! Está prohibido morirse cuando a uno le dé la gana! Es que la cosa tiene miga! Las prohibiciones, a fuerza de estar presentes, se han hecho imperceptibles y obran subrepticiamente, como dice José Antonio Millán, e inducen un mensaje de fondo: “¡Atento!: algo puede estar prohibido”. La “mayoría” ya es un concepto que, de por sí, da medio miedo. A la mayoría le cuesta tener en cuenta a la minoría, y, claro, se ha ido cerrando el círculo y cerrando y cerrando y al final, un día, resulta que nos hemos quedado sin espacio para el individuo, para la locura, para la creación, para la espontaneidad, para la emoción infantil, para la diferencia. Aunque parece que el hombre moderno ha establecido una forma nueva, lógica, razonada y democrática de organizar su mundo y sus relaciones, no es posible que esta forma de estructura haya quedado atrasada? Como caduca? Yo no sé nada de política, ni de filosofía, ni de casi nada, en fin... pero uno tiene la sensación de que vive en un mundo cerrado y pequeño donde la razón y el bien común han pasado por delante e incluso se han impuesto de una forma tajante, constrictora e incluso aniquiladora en muchos casos. Y quizá sí que el mundo, que nuestra sociedad, ha ido perdiendo su alma, como dice Maffesoli. Quizá sí, quizá ha llegado el momento de replantearse el bien y el mal, de mirar el mundo con otros ojos, con una mirada más sabia, más abierta, más fresca. Quizá si, quizá hay que empezar a dejar espacio a la locura, al caos, al desorden, a la creación. Mirar la diferencia como una riqueza y no como una amenaza. Permitir la expresión, la acción, el movimiento y no tener miedo. Aunque da miedo. Mucho miedo. Dicen que el nomadismo es de las pocas formas de trasgresión social no violenta que existen. No ser de ningún lugar, adaptarse a las condiciones del terreno que estas pisando. Imagínate un mundo donde todas las relaciones se establecieran con estos mismos parámetros. La circulación de la locura fundamenta la sabiduría, frase preciosa que me parece tan cierta y tan esperanzadora como un amanecer o como una tormenta de verano. Michel Maffesoli acaba la entrevista diciendo; emergerá otra forma de estar juntos. No despreciemos la vitalidad. Pues voy a acabar con sus mismas palabras lanzándolas al viento como un deseo.
Inshalá!

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