Donde Ella nos cuenta quien es y como ha llegado hasta aquí. Parte II.
Mi vecina, con la que ya nos unen muchos años de amistad, tantos como los que yo llevo en esta casa - Nuestra amistad nació en las clases de tonificación del gimnasio del barrio, y se ha afianzado a base de cafés hablando de nuestros amoríos, bueno, sus amoríos, yo, como ya os dije, no tengo muchos amoríos de los que hablar. Ella es una de estas mujeres optimistas, hechas a sí mismas, activas, valientes y resolutivas que hacen que yo me sienta como una extraterrestre, fea y malhumorada. – Bueno, pues ella considera, a pesar de su larguísimo currículum de flirteos, amoríos, amores, desengaños y ligues a secas, que vivir en pareja es maravilloso, que tener una familia debe ser fantástico y que - por supuesto! - ella quiere tener hijos, muchos hijos. Formar una gran familia muy bien avenida, y opina que yo, en fin, debería dejar de perder tanto tiempo pensando en gilipolleces. Seguro que tiene razón, la pobre, como siempre. Si yo fuera tan guapa y tan lista como ella seguro que también tendría las cosas tan claras. Pero seguro, vamos!
Lo malo de no tener las cosas claras es que te pasas el día dando tumbos. Ahora piensas una cosa, y al rato estas convencida de la contraria y claro, así no hay quién avance. Mis amigas no comprenden que haya que darle tanta bola a según que cosas y que en definitiva lo que hay que hacer es caminar, hacer, trabajar, actuar y no estar todo el día preguntándose cual debería ser el siguiente paso.
Bueno, yo ya estoy acostumbrada a ser la rarita, la que no sabe, la que siempre se siente más o menos mal, la que esta en perpetuo acojone, la que da un paso adelante y dos para atrás. Ese es mi papel en esta vida, al menos hasta el momento. Pero vas a ver tú la chica renacida y reinventada que saldrá de tantas horas de terapia. La vas a flipar! - Como dicen mis alumnos. Eso espero, porque de momento con lo que si la flipo es con lo que esta costando, caray! Que esto de renacer es for milioners only, como casi todo, vamos!
En fin, mi madre opina que con lo guapa y simpática que soy, no debería estar de tan mal humor, a veces, y que la vida hay que aprovecharla y que, eso, lo de siempre, que no te quejes tanto que me das espanto! Y yo les digo que si, que tienen razón y que voy a ser una chica alegre, y que voy a ser muy feliz a partir de ahora, pero al final siempre acabo por hacerme un lío, enredarme con mis pensamientos y volver al sitio de donde salí tan decidida. Y es que esto de ser feliz no parece ser tan fácil, carajo! Pero un día de estos lo logro y les dejo a todos boquiabiertos, vas a ver!
Lo que ocurre es que, a veces, la gente es un auténtico coñazo. Están los que se paran delante de las puertas, los que impiden el paso, los que hablan demasiado alto, los que andan demasiado lento, los que no se deciden nunca. Hay muchos tipos de coñazos. El que habla demasiado alto en la biblioteca y le suena el móvil constantemente, el que teclea el teclado como si quisiera hundirlo bajo tierra, el que no para de reírse sonoramente de algo que está leyendo y que parece que es hilarante, el típico que esta en el metro, con los cascos puestos y se mueve y repiquetea la silla, como si, literalmente, no pudiera controlar el ritmo de su cuerpo. Después están los que cantan en voz alta la canción, desplazando el cuello frenéticamente para adelante y para atrás, también está el que hace ver que no se ha dado cuenta de que el autobús está a tope y ocupa el asiento de su lado con las bolsas de la compra, los que no paran de comentar la peli en el cine, los que comen caramelos en el cine, los que, a pesar de la cola que se ha montado, deciden que es el momento para canjear sus vales descuento, los que deciden poner orden en su billetero en el cajero automático, aunque tú estés detrás con cara de “no tengo toda la “mañana”, los que quieren hablar de su cuenta corriente con el director del banco, los que aparcan en el carril bici, los que pasean por el carril bici, los que se paran a charlar en el carril bici, los que te chillan si no te levantas en el autobús, los que dicen que la juventud de ahora no respeta nada, los camareros que no te miran jamás, los que se paran a la izquierda de las escaleras automáticas, los que defienden a ultranza el pensamiento científico, los que opinan que esto del cambio climático es una exageración mediática, en fin, una lista larguísima. Algunos días tienes la suerte de cruzarte con todos, y cuando llegas a casa por la noche tienes ganas de pegarte un tiro.
A veces pienso que esto de ser feliz es un poco como conformarse, no? No creo que las revoluciones, ni los cambios, los hayan provocado la gente feliz. Deberíamos estarles agradecidos a los infelices, porque gracias a ellos no somos ni tan esclavos, ni tan estúpidos.
No, no es que yo esté gestando una revolución, no por Dios! No es nada de eso! No basta con estar de mal humor para eso, ja! Ni mucho menos!
En fin, que a veces estás tan cansado de tanto coñazo que te armas un lío de campeonato y no sabes por donde tirar. Son esos días cuando mi madre me mira como a una niña mal criada y me dice, eres igual que tu abuela! Que mala gaita tienes, por Dios!
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